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martes, 21 de septiembre de 2010

Ingrid Betancourt vuelve a levantar ronchas

Mientras estuvo en la selva a Ingrid Bentacourt todos estaban de acuerdo en su liberación y en su causa. Ahora que está libre y en París, su figura levanta polémica y no de la buena: BBC Mundo señala que a partir de hoy su libro No hay silencio que no termine (lea un capitulo aquí) estará disponible en Europa y Estados Unidos y ya "en Colombia ha levantado ampollas".

Una de ellas tiene que ver con "la forma como narra las circunstancias en que su colega Clara Rojas decidió quedar embarazada mientras estaba en cautiverio". (Supuestamente pidió permiso a los guerrilleros).


Rojas no ha tardado en responder: dice que siente lástima por su otrora compañera de secuestro y calificó de falsas las afirmaciones que hay en el libro.


"Lo único que me queda es orar, que mi Dios le dé (a Betancourt) la luz que necesita", manifestó Rojas en una entrevista con The Associated Press. "A mí ya me da lástima el tema de ella".


"Todas las aseveraciones que ella hace sobre mí y la manera como las muestra son falsas", insistió, quien reconoció que aún no ha leído el libro y que lo que de él conoce es por versiones de prensa.


Héctor Abad, por otro lado, muestra otra visión de Betancourt y se muestra simpático a la causa de Ingrid. En la entrevista que realizó para El Espectador lo dijo claramente: "Con ella no hay medias tintas: o es una santa súbita o de repente se transforma en una arpía enferma de maldad y de codicia. Es, al mismo tiempo, el hada y la bruja de los cuentos. La opinión pública, con una actitud ciclotímica, pasa con ella del amor al odio y de la veneración al desprecio. En este momento la fase es depresiva y casi todos la detestan. Su última salida en falso, hace un par de meses, cuando demandó al estado colombiano por seis millones de euros, fue recibida en su país y en el mundo como una muestra de avidez e ingratitud, y por mucho que haya retirado la demanda, se la siguen cobrando. No fue oportuno llamar “simbólica” a una cifra así".


Mientras, su ex esposo Juan Carlos Lecompte presentó una acción judicial para que los bienes de la ex rehén de la guerrilla sean embargados en el marco del proceso de divorcio, señala El Tiempo.


Entre esos bienes figuran una casa de invierno en Estados Unidos, un apartamento en Francia y los derechos económicos de los contratos de edición de los libros La rabia en el corazón y No hay silencio que no termine.


El paraiso de Ingrid tiene algunas pailas del infierno, parece.

domingo, 18 de julio de 2010

¿Por qué todos odian a Ingrid?

Es seguro que Ingrid Betancourt no gane ningún concurso de popularidad. Y Alberto Salcedo Ramos señala unas pistas: la opinión pública, tanto la colombiana como la internacional “encuentra criticable casi todo lo que Betancourt hace: la frialdad con la que marginó a su esposo, Juan Carlos Lecompte, desde el día mismo en que fue rescatada por el Ejército; el orgullo con el que porta su nacionalidad francesa, el cual contrasta con su distanciamiento de Colombia; la vida de majestad que lleva en París, lejos de estas tierras nuestras que, a juzgar por su larga ausencia, considera hediondas”.

Ingrid está bastante lejos de, incluso, volver a rehacer su carrera política. Aunque es probable que eso nunca le haya pasado por la cabeza luego de su liberación.

Para agregar más leña al fuego, tenemos lo que escribió Oscar Collazos: “En la personalidad de Ingrid acabó ganando la altanería de ignorar a los demás, dando al traste con una ya debilitada vocación de servicio público”.

Así pues, la “guinda” a esta imagen bastante malograda apareció cuando demandó al estado colombiano por casi 7 millones de dólares. Rechazo general y el recule fue paulatino: a los días, la propia Betancourt dijo que no era una demanda sino un acto de conciliación. Y después hasta la conciliación fue retirada.

Luego se supo que también había solicitado una indemnización al Estado francés. Linda la chica, ¿no?

Por otro lado, lo curioso es que ella no es la única que ha demandado al estado del vecino país pero fue la única demanda que levantó “roncha”. Posiblemente porque la historia de secuestro fue la más publicitada. Todavía muchos recuerdan la carta publicada en diciembre de 2007 en donde decía cosas como: “Piden pruebas de supervivencia a quemarropa y aquí estoy escribiéndote mi alma tendida sobre este papel. Estoy mal físicamente. No he vuelto a comer, el apetito se me bloqueó, el pelo se me cae en grandes cantidades. No tengo ganas de nada”, se publicaba en los medios con una foto de Ingrid, pelo largo y mirada perdida hacia el suelo.

No sólo se separó de su segundo esposo luego de la liberación sino que Clara Rojas, su compañera de carrera política y también de secuestro dijo, al publicar su libro, que Betancourt no fue precisamente la “hermana que esperaba”.

Ingrid, entonces, no es la mujer más popular. Y no hay mucho que la ayude: la supuesta labor a favor de la liberación de los otros secuestrados se ha quedado allí, en puras declaraciones. Definitivamente no cuenta con los mejores asesores de imagen. ¿O entre los defectos debemos agregar el de la soberbia?